Un Amigo.

Federico es un gato gris. Un gato grande. Es ese tipo de gato que asusta cuando te lo encuentras en un callejón oscuro y que te gusta acariciar cuando se te recuesta en el regazo, mientras ves la tele desde el sofá.
Federico ronronea como hacen todos los gatos, pero sabe como disimular ese sonido cuando Marta esta durmiendo y él permanece tumbado en la alfombra a los pies de la cama.

gato6

Marta, encontró a Federico en una gasolinera, cuando este solo tenia pocos días, o al menos eso dijo su padre, que había parado a poner gasolina en uno de sus múltiples viajes hasta la capital. De eso hacia ya cinco años, cuando Marta solo tenia cinco, y los viajes a la capital eran mas divertidos, quizás porque desde entonces Marta ya ha perdido la cuenta de cuantos viajes lleva.
Federico siempre ha acompañado a Marta en los viajes. Desde aquel día en la gasolinera no se han separado como quien dice, excepción hecha cuando Marta debe ir a algún lugar en el que no se acepten animales.

A Marta le gustaría llevarlo de igual manera, pero se han de cumplir las normas que pasa eso alguien las ha puesto. Es lo que siempre dice el padre de Marta, y con esa excusa, Federico, o se queda en casa, tumbado en su cesta, o cuando viajan a la capital, lo hace en el coche, tirado todo lo largo que es, sobre el asiento trasero.
Eso es una cosa que Federico aprendió desde el primer momento. Esperar en el coche. Es sabido que los animales se guían por sus sentidos. Los gatos por supuesto también. Federico igual. Por eso sabe el tiempo que Marta y su padre tardan en volver al coche. Si todo va como siempre, Federico hace una siesta de dos horas de las de los humanos. Luego se levanta, se incorpora y mira por la ventanilla del coche, y sabe que debe esperar como poco, otra hora hasta que su dueña vuelva al vehículo en compañía de su padre.

Cuando vuelven, Federico sabe que no debe ser pesado. Marta llega muy cansada y solo desea que su padre ponga el coche en marcha y el movimiento le sirva para dormir. Federico se sienta a su lado y la mira todo el trayecto, hasta la vuelta a casa.
Marta no se despierta hasta que el coche entra en el garaje, o incluso algunas veces, su padre debe despertarla. Federico no sabe que es lo que le pasa a Marta cuando se marcha, pero lo cierto es que tarda como un día en volver a ser ella.
En cuanto entra en casa se acuesta y no se levanta hasta el día siguiente, o en el peor de los casos dos días después.
Federico ya lo sabe y se mantiene pegado a la puerta de la habitación de Marta hasta que alguien se deja la puerta abierta y se puede colar. Luego se tumba en la alfombra y allí espera a que Marta se despierte. Pase el tiempo que pase.

Pero hoy ha pasado demasiado tiempo. Federico se ha mantenido en el coche una vez que Marta se ha despedido de él. Se ha dormido sus dos horas, y tras mirar por la ventanilla, se ha vuelto a quedar dormido. Se ha levantado y Marta no ha llegado. Desde entonces no ha cerrado los ojos, y eso que ya es de noche.
No sabe poner tiempo desde que se marcho Marta y su padre. Tampoco sabe ya como colocarse en el coche. Ni siquiera sabe que es lo que tiene que hacer…Simplemente es un gato y se supone que los gatos no pueden hacer nada por los humanos cuando estos no vuelven, únicamente esperar.

La noche está pasando. Ya casi no hay otros coches en el aparcamiento. Federico ha visto como mucha gente ha ido acercándose, se ha montado en sus coches y le ha ido dejando solo en aquella explanada oscura.

Esta cansado de esperar y tiene frío, así que, decide hacerse un ovillo y esperar lo mas acurrucado posible. De esa manera ha vuelto a quedarse dormido.

El sonido de la puerta delantera al abrirse le ha despertado y del susto, Federico se ha caído al suelo del coche. Desde allí ha visto como el padre de Marta ha vuelto solo. Ha cogido algo de la parte delantera del coche y se ha dirigido al maletero.
Es el momento. Federico no puede esperar mas y sabe que debe buscar a Marta. Esté donde esté seguro que le gustaría verlo.

Mientras el padre de Marta cierra el maletero, Federico ya esta sobre el alquitrán del aparcamiento. La verdad es que no sabe hacia donde ir. Lo ideal seria esperar a que el padre de Marta vuelva y seguirlo, pero la estrategia se frustra cuando el hombre vuelve a meterse en el coche con una manta y tras sentarse en el asiento delantero, cierra la puerta y se hecha a dormir.

Federico esta decidido, así que comienza a caminar por el aparcamiento en dirección al lugar en el que se marcha siempre Marta.

El edificio al que llega es inmenso, y mucho se teme que poco accesible para un gato gris. No tiene ni idea del lugar en el que se encuentra.
Muchas ventanas, algunas sin luz y otras emitiendo claridad a través de los cristales. Eso sí, hay una altura considerable que casi une el edificio al cielo. En lo alto, una enorme cruz azul y unas letras que como gato no puede sabe leer.

NONO.

220px-Letrero_del_Hospital_de_Medina_del_Campo

Anuncios

No al aburrimiento.

Los que hemos pasado de los cuarenta, tenemos el privilegio , (algunos al menos), de haber vivido épocas de niñez en el que el aburrimiento lo vencíamos con imaginación.

Siempre algo que hacer, continuamente algo que organizarse, algo con el que poder pasar largas horas de diversión y juegos. Siempre recuerdo y así se lo digo muchas veces a Mónica, como nos organizábamos cual equipo de futbol, mosquetero, indio, pistolero, corredor, jugador de cartas… cualquier herramienta era válida para  sentirte por unas horas el héroe de tu serie, el pichichi de tu equipo o el malo de la película del sábado por la tarde.

trike-1

Para cuando eso fallaba, nos inventábamos una oficina con un teléfono de juguete viejo, una orquesta en la que la batería se fabricaba con un montón de latas de gasolina usadas, o una máquina de escribir con un cartón de huevos. Aún recuerdo cómo llegamos a disputar todo un campeonato de hockey utilizando palos como instrumento de golpeo a la pelota de plástico. El problema venía cuando fallábamos y nuestra “espinilla” recibía la visita del palo, cosa que no sucedió en pocas ocasiones.

 

Luego, en casa, estábamos quienes complementábamos todo eso con el placer de la lectura. La evasión de conocer otros lugares, otras historias y muchos personajes que se nos escapaban en nuestro cerrado conocimiento de pueblo pequeño. Los libros de la editorial Bruguera que nos dejaban en el colegio, el Corsario Negro, El último Mohicano, todo Julio Verne. Muchas aventuras que nos escapaban del lugar y formaban conocimiento. Todo para evitar conjugar el verbo aburrir.

No le dábamos tregua a ello. Porque no teníamos más fórmula para batallarlo que nuestra propia imaginación.

 

Es algo que dejó tanta huella en mí que siempre le digo a Mónica: Hija, lo importante es no aburrirse nunca, a lo que me hace caso, lo cual, genera bastante curiosidad en ella  como poco.

Tonterías que llevamos dentro.

3573054409_1891e8a388

¿Cómo se mide la distancia? Aunque parezca sencilla la respuesta, como todo, si quieres puedes buscarle varias salidas dependiendo de cómo, de que o de cuál es la distancia y su medida.

Hasta aquí todo suena a una tontería más de las que se pueden escribir en un blog como este, con el que es complicado hacerse millonario, -Lo siento Monica; pero el Mac y el Iphone tendrán que esperar-, y con el que no se pretende otra cosa más complicada que explotar la imaginación.

Retorcida pregunta, escribía, por aquello de qué desees medir.

Yo me lo designo pretendiendo saber a qué clase de distancia me encuentro, dependiendo de cada lugar y aplicando la proporcionalidad del momento y sobre todo de la persona.

¿A que lo estoy arreglando? Seguro que si alguien lee esto, estará especulando con lo tarado que puede ponerse uno con la edad, eso si ya no estaba lo suficiente, pero si has llegado hasta este renglón y te animas a terminar, seguro que al menos encontraras cierta comprensión en mi teoría.

Como pretendía escribir, yo me aplico la medida sobre mi hija. O sea, sobre la coautora de este magnifico blog, Monica.

Existen días en las que la imagino muy cerquita a pesar de encontrarse a la distancia que suele estar. Son esos días, o esos momentos en los que un mensaje, una foto, una reminiscencia de algo vivido me la hace tener casi a mi lado, aunque su ausencia me deje tan frío como el hielo en los siguientes minutos.

Otras veces, dependiendo del momento también, o de algo que suceda, aunque la distancia, llamémosle física, es la misma, se me antoja tan lejana que ni tres meses de viaje me traerían su mirada alegre.

Se trata seguro de esa morriña de padre lejano que padece uno, no sé o de esa tontería que se arregla con una sonrisa…. O sea una tontería……..

Ahora ya entenderás como nunca nos haremos millonarios escribiendo este blog.

 

NONO. 

Deberes.

deberes

Si los verbos son regulares o irregulares, por aquello de su raíz. Si la era contemporánea es la que empezó con las revoluciones, entre ellas la industrial.

Si los montes Urales son una frontera natural de Europa por el Este. Si el mar muerto también lo es. Si el resumen  de ese  libro quincenal tiene que estar para el jueves y la pagina diez se atasca.

Si las fracciones se han quedado a vivir en las antípodas de la memoria, tan a gusto ellas que se resisten a moverse de su hamaca.

Si la ortografía te genera tantas dudas que te empeñas en buscas sinónimos…

Si todo esto te suena, seguro que vives entre los deberes de tu hij@. Benditos deberes.

A la vez dichosos que rencorosos. Al mismo tiempo entretenidos que toca narices. Nostálgicos que envenenados…

No es que Mónica sea de las que ejecuta su labor con escaso entusiasmo, incluso cuando esa labor es casi titánica, lo cierto es que en ocasiones,  quedo sometido a esa mirada en la que se lee la desafiante frase de : “eso deberías saberlo tú”.  Es entonces cuando se me acelera el pulso y acudo al móvil para que Google me saque del atolladero.

Simplemente.

Batallitas.

imgres

Mi hija suele tener razón, sobre todo cuando se obstina en tenerla. Si no la tiene, se la inventa, supongo que como todas las hijas de todos los padres. Luego viene la difícil tarea de moldear esa razón, en la que padres y madres, nos empleamos a fondo. Se trata de ese tipo de afanes que te vienen con el lote. Como quiera, aprender a formatear la razón de un niño, te puede evitar problemas como padre.

Eso sí, el verdadero problema llega, cuando quien moldea la razón es ella. Es justamente entonces, cuando me doy cuenta que comienzo a perder esa imaginaria guerra que tanta batallita genera.

Más tarde, caigo  en la cuenta que, su sonrisa siempre endulza la derrota.

 

NONO.

La tarde de reyes.

imgres

Estaba, como todos los días, a la misma hora, sentado en el mismo banco. En la misma zona del parque, justo la más alejada de la puerta, pero la más cercana al pequeño lago.

Desde crío, le había gustado mirar el agua, su calma, así como ver llegar a los pájaros y beber en la orilla.

Eran sus mejores recuerdos, aquellos que le llevaban a su niñez, en el mismo parque, los mismos arboles, el mismo lago…. Sus recuerdos eran su tesoro.

Habia perdido el resto, su compañera, quien hubiera permanecido en su vida desde siempre, dijo adiós una tarde de noviembre. Sencillamente se apagó. Lucho hasta apagarse, mientras sus ojos se despedían hasta siempre….

Su debut en la navidad en solitario, solo le producía mas nostalgia.Echaba de menos muchas cosas, muchos recuerdos se amontonaban… muchas vivencias. Para  colmo no podia entregar a sus nietos los juguetes, estaban demasiado lejos…..

De repente sintió frío. No restaba mucho para que oscureciese. No quedaba mucho para que los reyes magos iniciaran su tarea en el manejo de la ilusión.

Caminando con la dificultad que su edad le regalaba, busco su estrella, la que seguir para dejar sus regalos….. sin saber como ni donde.

NONO.