¿Una Bloger tíminda?

Prologo:

Este es un escrito que ha hecho Mónica sacando tiempo bajo las piedras en su lista de tareas que tiene impuestas a modo de deberes.

Que nadie espere una obra literaria, eso sí, que aprecien la imaginación y el esfuerzo, así como la capacidad.

Iremos colgando capítulos en medida vaya pudiendo publicarlos, al mismo tiempo que vaya dándoles “trama”. Veamos cómo sale…

Ya es un triunfo.

NONO.

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¿UNA BLOGGER TÍMIDA?

CAPITULO 1.

Nunca es malo estar sola.

SANDY, una de las niñas de  6ºB  era muy tímida, estudiosa, coherente y todo lo relacionado con lo bueno.

Pero todo eso no tenía nada que ver con que tuviera amigas. Y es todo lo contrario siempre estaba sola.

Una de las causas por la que SANDY estaba sola era MARÍA, que ella personalmente se encargaba de que no tuviera amigas. MARÍA era una de las chicas más tontas de su clase, también conocida como la reina de las START  M.

Las START  M es un club donde SANDY intentó miles de veces entrar para poder hacer alguna que otra amiga.

Ella, aunque en el colegio fuese tímida, en internet era todo lo contrario ya que tenía un blog, en el que contaba todas sus buenas y malas experiencias del día a día.

Su blog es el sitio donde más puede desarrollar sus sentimientos, ideas y pensamientos. Allí hablaba  de cosas interesantes que veía  por la calle o que escuchaba en la radio.

Lo más famoso de su blog eran los  sueños que tenía ella por la noche. En el blog era donde los desarrollaba, con sus propios personajes y diálogos.

Mónica.–

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No al aburrimiento.

Los que hemos pasado de los cuarenta, tenemos el privilegio , (algunos al menos), de haber vivido épocas de niñez en el que el aburrimiento lo vencíamos con imaginación.

Siempre algo que hacer, continuamente algo que organizarse, algo con el que poder pasar largas horas de diversión y juegos. Siempre recuerdo y así se lo digo muchas veces a Mónica, como nos organizábamos cual equipo de futbol, mosquetero, indio, pistolero, corredor, jugador de cartas… cualquier herramienta era válida para  sentirte por unas horas el héroe de tu serie, el pichichi de tu equipo o el malo de la película del sábado por la tarde.

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Para cuando eso fallaba, nos inventábamos una oficina con un teléfono de juguete viejo, una orquesta en la que la batería se fabricaba con un montón de latas de gasolina usadas, o una máquina de escribir con un cartón de huevos. Aún recuerdo cómo llegamos a disputar todo un campeonato de hockey utilizando palos como instrumento de golpeo a la pelota de plástico. El problema venía cuando fallábamos y nuestra “espinilla” recibía la visita del palo, cosa que no sucedió en pocas ocasiones.

 

Luego, en casa, estábamos quienes complementábamos todo eso con el placer de la lectura. La evasión de conocer otros lugares, otras historias y muchos personajes que se nos escapaban en nuestro cerrado conocimiento de pueblo pequeño. Los libros de la editorial Bruguera que nos dejaban en el colegio, el Corsario Negro, El último Mohicano, todo Julio Verne. Muchas aventuras que nos escapaban del lugar y formaban conocimiento. Todo para evitar conjugar el verbo aburrir.

No le dábamos tregua a ello. Porque no teníamos más fórmula para batallarlo que nuestra propia imaginación.

 

Es algo que dejó tanta huella en mí que siempre le digo a Mónica: Hija, lo importante es no aburrirse nunca, a lo que me hace caso, lo cual, genera bastante curiosidad en ella  como poco.